
Una de las tradiciones más entrañables en esta época del año en la que los los días son más cortos, las hojas de los arboles amarillean, vemos en el cielo las aves volando hacia el sur y en general ya se siente próxima la llegada del invierno, es reunir a un grupo de amigos en nuestro hogar (generalmente con engaños) y someterlos a una sesión de fotos de nuestras vacaciones y ya puestos rematar con alguna boda o bautizo.
Por si fuera poco, ahora con el desarrollo de la fotografía digital, estas sesiones pueden prolongarse durante horas con solo apretar un botón y ya no es necesario que nadie plante sus dedazos en nuestras preciadas fotografías.
Yo, aunque moderno como el que más, soy persona amante de las tradiciones y no puedo sustraerme de cumplir con esta bella costumbre.
Así que id tomando asiento. Voy a por esa botella de Bailleys que tengo abierta desde las navidades pasadas.
Sirva a demás como prueba fehaciente de eso que he afirmado tantas veces de que el área comprendida entre Despeñaperros y Gibraltar es una de las más exóticas y de mayor tiki-actividad del planeta.