Hace ya varios años que no se sirven Ponches del Plantador en el 74 de la Castellana, y uno ya va haciéndose a la idea, pero la fachada de lo que fue House of Ming seguía intacta y conservaba sus rótulos de neón.
Hace ya varios años que no se sirven Ponches del Plantador en el 74 de la Castellana, y uno ya va haciéndose a la idea, pero la fachada de lo que fue House of Ming seguía intacta y conservaba sus rótulos de neón.Es difícil de explicar. Sentir algo que no está, como el síndrome del miembro fantasma.
No conseguía identificarlo, pero no podía evitar seguir dándole vueltas, hasta que de repente, caí en la cuenta ¡Las invaluables macetas Bora-Bora, habían desaparecido!
En esta foto de hace unos 5 años pueden apreciarse en todo su esplendor.
No eran objetos especialmente atractivos, y menos si lo comparamos con el resto de la cerámica del local. Pero sí que se trataba uno de esos artefactos extraños que dan al Tiki español ese toque diferente respecto a lo que podemos encontrar más allá de los Pirineos. Sobre su destino ¿Quién sabe?.
Es una costumbre muy madrileña el apropiarse de bienes de dominio público o que simplemente no han sido debidamente asegurados por su propietario con gruesas cadenas. Si damos un paseo por la sierra de Madrid veremos muchos jardines decorados con bancos, mesas y otros objetos inicialmente destinados al uso y disfrute de todos los habitantes de la capital.
Así que puede que en este momento decore algún jardín en Cercedilla o alrededores.
Uno de los lugares Tiki más intrigantes de Madrid es el bar Kon-Tiki.
La razón por la que una cervecería alberga uno de los más interesantes tesoros Tiki de la ciudad está aún por desentrañar.
El local que ocupa este establecimiento es bastante peculiar.
Tiene entradas por dos calles que conducen a una planta inferior. Algo totalmente desproporcionado e innecesario para el uso que tiene actualmente y que parece indicio de un posible pasado como Tiki bar.
Pero con los datos que tengo hasta el momento sobre difuntos bares hawaianos madrileños, no he conseguido situar ninguno en la zona.
En el interior puedes contemplar varios cuadros con motivos náuticos y un par de homenajes a la Kon-Tiki, mientras te tomas una cerveza exageradamente cara.
¿Tiki bar perdido?
La razón por la que él único homenaje a Thor Heyerdahl y sus amiguetes en toda la ciudad, se encuentra en un bar de una calle secundaria, junto a una puerta que parece no llevar a ninguna parte, temo que seguirá sin explicación, al menos hasta que un arqueologo urbano más aventajado que yo aporte nuevos datos.
A poco que ese este familiarizado con el mundo tiki americano, será conocida su obsesión por el Enchanted Tiki Room de Disneyland.
No es extraño. Para mucha gente fue su primer contacto con lo tiki, y junto a las cenas familiares en restaurantes clásicos, jugó un papel fundamental en el despertar de muchas “vocaciones” para la causa.
Pero ¿y en España?
¿Cual es el catalizador que convierte a un niño sano y normal en un futuro coleccionista de tiki mugs y muebles de bambú?.
California nos queda un poco retirada y de que nuestros papás nos llevaran a cenar a un Trader Vics, ni hablamos.
Creo haber encontrado la respuesta a esta cuestión nada menos que en el Parque de Atracciones de Madrid.
Esta amenaza mora agazapada tras lo que exteriormente se presenta como una de atracción, solo apta para jubilados y lactantes, denominada FANTASIA. Pero los que se atrevan a cruzar su poco atractivo umbral serán conducidos durante unos minutos a un paraíso de tikis, wahines y hula.
Bueno, para evitar reclamaciones, debo confesar que en realidad, los tikis son una basura, las wahines parecen un experimento genético (fracasado) para obtener un cruce entre Barriguitas y Muñeca Repollo, y sería más propio hablar de convulsiones que de hula, pero a pesar de todo confieso que disfruto con ello una barbaridad y lo visito periódicamente.
Imagino si hay alguien que haya tenido el valor de llegar hasta aquí, le ocurrirá lo mismo.
Siguiendo con el listado de lugares madrileños que exhiben artefactos arrebatados graciosamente por nuestros antepasados a los isleños de los mares del sur, hoy le toca al turno al Museo Naval. Si cuando hablamos del Museo Antropológico veíamos que ni la calidad ni la cantidad de las piezas que conserva eran gran cosa, en el Museo Naval, aunque la calidad sigue sin ser para tirar cohetes, al menos tenemos cantidad. Un total de 150 piezas (poco a poco nos vamos acercando a las 45.000 del British Museum)
Lo mismo lo mismo sucede por llevar el teléfono móvil encendido y una larga serie de prohibiciones que a los civiles nos resultan bastante inexplicables.

A la salida, es obligada la visita a la tienda del museo, donde por 3,02 € puedes hacerte con el “Catálogo de armas y artefactos de las islas del Océano Pacífico Central y Australia.” que contiene fotografías de buena parte de la colección que exhibe el museo (la mayoría en blanco y negro, eso sí) y un breve ensayo sobre la misma y como llegó al museo.
Ofrecen otras publicaciones más generales (y caras) pero de aspecto bastante apetecible.
Salvo algún turista despistado que se ha extraviado camino del Museo del Prado y grupos de escolares que acuden forzados por sus profesores, nadie parece interesado por este lugar.
En principio, puede considerarse que razones no faltan. Lo cierto, es que la mayoría de las piezas de su colección son simples reproducciones o artesanía que no parece difícil conseguir de un vendedor callejero.
A pesar de lo poco prometedor de este panorama, los interesados por la cultura polinesia (la de verdad) , a poco que rebusquen un poco, podrán encontrar material suficiente para justificar una visita.
Para simplificar esta búsqueda y ahorrar fatigas innecesarias al visitante, he aquí la guía del Museo Antropológico del señor Castaway.
Una de sus salas pretende recrear un gabinete de historia natural de finales del s. XIX.
Es aquí donde considero que debe centrarse la visita.
Parece que esta recreación se ha entendido como una bula para exhibir todas las piezas políticamente incorrectas (y por tanto las más divertidas).
Lo que nos encontraremos aquí tiene poco que envidiar al más costroso Freak Show, eso sí, con la coartada del interés del interés antropológico,
Así podemos contemplar varios cráneos con deformidades, una interesante selección de fetos y restos humanos flotando en líquidos turbios, lo que parece ser la estrella de la exhibición, el esqueleto y vaciado en escayola del cuerpo de un supuestamente celebre gigante extremeño y en la más pura tradición de la antropología racista, por considerar a los isleños de los mares de sur como fenómenos de la naturaleza, es en esta misma sala se exhiben también las piezas polinesias.
En primer lugar tenemos 12 mascaras mortuorias de nativos de islas del Pacifico.
Una de las más impresionantes es la de un guerrero maorí.
Las demás, aunque menos llamativas,no desmerecen, produciendo una interesante sensación de atracción-repulsión, que hará que no puedas dejar de contemplarlas hasta que los vigilantes
empiecen a mirarte como una amenaza de las instalaciones.
En segundo lugar tenemos unos bonitos cráneos decorados con barro coloreado y conchas, según las tradiciones funerarias de los mares del sur.

Y para el final he dejado a , mi preferido.
Ni más ni menos que un autentico bol de kava.
No es gran cosa, si lo comparamos con lo que puede verse por esos mundos de dios (lease British Museum), pero es que es el primero que he podido ver "en persona", y además es casi como tenerlo en casa, así que no puedo evitar tenerle cierto cariño.
Todavía nos queda el postre. Recomiendo terminar la visita subiendo a la tercera planta, dedicada a América.
Aquí podremos contemplar un par de cabezas reducidas, una humana y otra de perezoso.
Debidamente estimulados por su visión ya podemos dirigirnos a la salida mientras cantamos a voz en grito, con nuestro mejor falsete, "Jíbaro" y otros éxitos de Yma Sumac, para confirmar a los vigilantes que estaban en lo cierto cuando pensaban que eramos un peligro para las instalaciones.