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miércoles, 14 de octubre de 2009

HOUSE OF MING


House of Ming reaparece periódicamente por aquí.
En esta ocasión es por razones algo tristes.
Y es que hace cosa de un par de semanas desaparecieron los últimos restos de este legendario lugar.
Hace ya varios años que no se sirven Ponches del Plantador en el 74 de la Castellana, y uno ya va haciéndose a la idea, pero la fachada de lo que fue House of Ming seguía intacta y conservaba sus rótulos de neón.
Para muchos puede que no signifique gran cosa pero un fetichista de pro como yo, que a diario pasa por delante (recordemos que llevaba allí más de 40 años), no puede evitar que este definitivo cambio en el paisaje le provoque un revoltijo de sentimientos.
Tampoco ayuda que lo que ocupa ahora el sitio de House of Ming es de un lugar llamado Castellana D.F., que no quiere decir Distrito Federal, lo cual hubiera tenido hasta cierto punto de ironía (guiño a quien corresponde) sino Drinks and Foods y no sea sino un nuevo avance de la hostelería ramplona en la ciudad.
Queda pues borrado ya todo rastro físico de House of Ming, que pasa a ser ya cosa exclusiva de la memoria. No tengo muy claro si estas son cosas para celebrar, pero celebremos, y a lo grande, con cotillón..

martes, 3 de marzo de 2009

MUÑECA CHINA

Hoy debo redactar una nueva nota necrológica.
Muñeca China ha cerrado definitivamente.
Me dirigí allí a degustar su excelente (y económico) menú oriental como en ocasiones anteriores, pero esta vez solo pude tomarme una cerveza con uno de los albañiles rusos que lo están desmantelando.

Era el tercer local y último superviviente de la Santísima Trinidad de los bares hawaianos madrileños originarios, por lo que con su desaparición se cierra la historia de los tiki pioneros españoles que comenzó a mitad de los años sesenta.


Es cierto que se trata de una perdida más simbólica que real. Sus días de gloria Tiki habían pasado hace ya mucho y su bar hawaiano llevaba un par de decadas cerrado, pero aún así Muñeca China conservaba aún algo de su encanto exótico y todavía formaba parte de mis particulares rituales Tiki, por lo que no puedo evitar cierto sentimiento de perdida.
Era una tradición consolidada acudir periódicamente a degustar su cocina (fetichismos a parte, era realmente un buen restaurante)e intentar introducirme cada vez un poco más en la misteriosa planta baja, que en otro tiempo albergó el bar.
Pero sobre todo disfrutar de lo que quedaba de su esplendoroso pasado como templo Tiki, unos pocos vasos-reliquia y especialmente lo que las camareras denominaban "pajaritos eléctricos", un envolvente sistema de audio con sonido de aves exóticas, que era puesto en marcha a petición de los clientes que conocian el secreto.

En fin, no somos nada.

jueves, 5 de junio de 2008

MUSEO DE AMERICA

Terminamos el repaso a las instituciones oficiales que albergan piezas de interés para el aficionado al arte y la cultura de los pueblos de la Polinesia con el Museo de América.
Existen aún otros lugares en Madrid que albergan secretos Tiki, pero por momento no pueden ser revelados.

Este museo se encuentra apartado de las tradicionales rutas turísticas madrileñas y es casi totalmente ignorado tanto por visitantes como por locales.
De hecho, ha estado cerrado durante muchos años y no ha parecido preocuparle a nadie. Ni siquiera a los cientos de universitarios que pasan cada día por su puerta.

Personalmente es mi museo favorito.
Pocos lugares mejores hay en Madrid para pasar una mañanita de domingo.
Por una parte, me encanta su situación. Aunque está en una zona céntrica, muy bien comunicada y de denso tráfico al mismo tiempo se encuentra aislado de este entorno y a su alrededor se respira una tranquilidad realmente difícil de encontrar en toda la ciudad.

Por otra, su colección, sin ser espectacular, sí que tiene suficiente entidad para justificar unas cuantas visitas para cualquier aficionado al arte primitivo y como valor añadido cada jueves pueden degustarse en su cafetería fantásticos platos de toda América por un precio más que razonable. Si además sirvieran daikiris o caipiriñas pediría asilo allí.

A estas alturas probablemente alguien ya se esté preguntando que pintan objetos provenientes de la Polinesia en un museo dedicado a los pueblos de América.
Bueno, el propio museo tampoco lo tiene claro y para justificar su exhibición, pero separándolo de la colección ha recurrido un truquito que ya nos sabíamos, y los ha recluido en una sala que presuntamente reproduce un gabinete de un antropólogo del siglo XVIII.

Nada que objetar al planteamiento, pero a la forma de llevarlo a cabo es bastante discutible. Imagino que por aquello de darle verismo al decorado, varias piezas se exhiben detrás de gruesos cristales deformantes (entre ellas el Tiki) y no se incluye ningún tipo de información sobre las mismas.

En cuanto a lo que nos podemos encontrar, poco pero pintón. Cascos y capas de plumas hawaianos, las consabidas armas y herramienta y sobre todo el único Tiki hasta ahora he visto en exhibición en Madrid.

jueves, 15 de mayo de 2008

LAS MACETAS BORA-BORA

Hace unos días tuve una cita en el Bora-Bora. Según me acercaba pude ver que todo estaba en orden. Allí estaba puntualmente mi cita. También el gran Ku y hasta el aparcacoches.
Pero tenía la sensación de que algo faltaba.

Es difícil de explicar. Sentir algo que no está, como el síndrome del miembro fantasma.
No conseguía identificarlo, pero no podía evitar seguir dándole vueltas, hasta que de repente, caí en la cuenta ¡Las invaluables macetas Bora-Bora, habían desaparecido!

En esta foto de hace unos 5 años pueden apreciarse en todo su esplendor.
No eran objetos especialmente atractivos, y menos si lo comparamos con el resto de la cerámica del local. Pero sí que se trataba uno de esos artefactos extraños que dan al Tiki español ese toque diferente respecto a lo que podemos encontrar
más allá de los Pirineos. Sobre su destino ¿Quién sabe?.

Es una costumbre muy madrileña el apropiarse de bienes de dominio público o que simplemente no han sido debidamente asegurados por su propietario con gruesas cadenas. Si damos un paseo por la sierra de Madrid veremos muchos jardines decorados con bancos, mesas y otros objetos inicialmente destinados al uso y disfrute de todos los habitantes de la capital.
Así que puede que en este momento decore algún jardín en Cercedilla o alrededores.

Tal vez, simplemente infringieran alguna ordenanza municipal y un funcionario con poca sensibilidad impusiera su retirada y se encuentren en un almacén esperando tiempos mejores. Por el bien del patrimonio Tiki nacional, confiemos en que sea así.

sábado, 15 de marzo de 2008

CERVECERIA KON-TIKI

Uno de los lugares Tiki más intrigantes de Madrid es el bar Kon-Tiki.

La razón por la que una cervecería alberga uno de los más interesantes tesoros Tiki de la ciudad está aún por desentrañar.

El local que ocupa este establecimiento es bastante peculiar.
Tiene entradas por dos calles que conducen a una planta inferior. Algo totalmente desproporcionado e innecesario para el uso que tiene actualmente y que parece indicio de un posible pasado como Tiki bar.

Pero con los datos que tengo hasta el momento sobre difuntos bares hawaianos madrileños, no he conseguido situar ninguno en la zona.

En el interior puedes contemplar varios cuadros con motivos náuticos y un par de homenajes a la Kon-Tiki, mientras te tomas una cerveza exageradamente cara.

Como souvenir, hazte con algunas servilletas con su logotipo (vale, no es gran cosa, pero he estado en bares hawaianos que ofrecían menos)

Pero lo realmente jugoso se encuentra en exterior, donde aparte de un bonito neón verde y el elegante rotulo del establecimiento nos encontramos con este increíble mural dedicado a la Kon-Tiki.

¿Tiki bar perdido?

¿Hostelero fanático de la hazaña de la Kon-Tiki ?

La razón por la que él único homenaje a Thor Heyerdahl y sus amiguetes en toda la ciudad, se encuentra en un bar de una calle secundaria, junto a una puerta que parece no llevar a ninguna parte, temo que seguirá sin explicación, al menos hasta que un arqueologo urbano más aventajado que yo aporte nuevos datos.

lunes, 4 de febrero de 2008

FANTASIA

A poco que ese este familiarizado con el mundo tiki americano, será conocida su obsesión por el Enchanted Tiki Room de Disneyland.

No es extraño. Para mucha gente fue su primer contacto con lo tiki, y junto a las cenas familiares en restaurantes clásicos, jugó un papel fundamental en el despertar de muchas “vocaciones” para la causa.

Pero ¿y en España?

¿Cual es el catalizador que convierte a un niño sano y normal en un futuro coleccionista de tiki mugs y muebles de bambú?.

California nos queda un poco retirada y de que nuestros papás nos llevaran a cenar a un Trader Vics, ni hablamos.

Creo haber encontrado la respuesta a esta cuestión nada menos que en el Parque de Atracciones de Madrid.

Esta amenaza mora agazapada tras lo que exteriormente se presenta como una de atracción, solo apta para jubilados y lactantes, denominada FANTASIA. Pero los que se atrevan a cruzar su poco atractivo umbral serán conducidos durante unos minutos a un paraíso de tikis, wahines y hula.

Bueno, para evitar reclamaciones, debo confesar que en realidad, los tikis son una basura, las wahines parecen un experimento genético (fracasado) para obtener un cruce entre Barriguitas y Muñeca Repollo, y sería más propio hablar de convulsiones que de hula, pero a pesar de todo confieso que disfruto con ello una barbaridad y lo visito periódicamente.

Imagino si hay alguien que haya tenido el valor de llegar hasta aquí, le ocurrirá lo mismo.

viernes, 25 de enero de 2008

MUSEO NAVAL

Siguiendo con el listado de lugares madrileños que exhiben artefactos arrebatados graciosamente por nuestros antepasados a los isleños de los mares del sur, hoy le toca al turno al Museo Naval.

Esta institución cuyo fin es “difundir la historia marítima de España, contribuir a ilustrar, relevar y salvaguardar sus tradiciones y promover la conciencia marítima nacional” , alberga en su interior una interesante colección de objetos de los mares del sur, que lo convierte en lugar de visita obligada para cualquier interesado en las culturas de los pueblos del Pacífico.

Si cuando hablamos del Museo Antropológico veíamos que ni la calidad ni la cantidad de las piezas que conserva eran gran cosa, en el Museo Naval, aunque la calidad sigue sin ser para tirar cohetes, al menos tenemos cantidad. Un total de 150 piezas (poco a poco nos vamos acercando a las 45.000 del British Museum)

También, al contrario del Museo de Antropología, se trata de un lugar francamente divertido. Aunque no seas un gran aficionado a temas náuticos, es difícil no salir sobreexcitado, con ganas de explorar nuevos territorios y de paso cañonear unos cuantos navíos ingleses por el camino.

Las visitas guiadas son bastante instructivas y las recomiendo, pero si decides ir a tu aire, ten en cuenta que este museo esta gestionado por el Ministerio de Defensa y sus normas son muy estrictas. Son especialmente rigurosos con la fotografía. Como se te ocurra tomar solo una, parecen capaces de someterte a un Consejo de Guerra y fusilarte allí mismo.

Lo mismo lo mismo sucede por llevar el teléfono móvil encendido y una larga serie de prohibiciones que a los civiles nos resultan bastante inexplicables.

A la salida, es obligada la visita a la tienda del museo, donde por 3,02 € puedes hacerte con el “Catálogo de armas y artefactos de las islas del Océano Pacífico Central y Australia.” que contiene fotografías de buena parte de la colección que exhibe el museo (la mayoría en blanco y negro, eso sí) y un breve ensayo sobre la misma y como llegó al museo.

Ofrecen otras publicaciones más generales (y caras) pero de aspecto bastante apetecible.

Su web ofrece la posibilidad de realizar una visita virtual, aunque salvo que seas un marino curtido, te aconsejo tomar una Biodramina antes de realizarla.

lunes, 21 de enero de 2008

WAWALAG


El año 2007 no fue nada bueno para los bares hawaianos madrileños.
A finales del verano pasado cerraba sus puertas definitivamente House of Ming, clásico entre los clásicos, sin darnos ni siquiera ocasión de despedirnos de él como merecía.
La cuestión ya se trató aquí.

Con esta desaparición, WAGALAG se convertía en el Tiki bar madrileño más antiguo, pero ostentó este título apenas unos meses y antes de que terminara el año también echaba el cierre.

Debo confesar que no era un lugar que me simpatizara.
Tenía una clientela predominantemente adolescente. Eran celebres por tener la manga muy ancha a la hora exigir el DNI a sus clientes con aspecto de no alcanzar la edad legal para consumir alcohol, lo que lo convertía lugar de peregrinación de púberes de toda la ciudad.

Su ubicación en la calle Serrano, probablemente uno de los mayores núcleos de pijerío del universo, tampoco ayudaba a conseguir un ambiente ideal.

También se habían visto en la necesidad de servir cañitas y tapas durante las mañanas, lo que contribuyó a que buena parte de su encanto se perdiese.

Su atractivo prácticamente solo residía en tomarse el cocktail de la casa, el mítico TESTAMENTO WAWALAG, mientras se contemplaba su colección de vasijas antiguas y algún que otro resto de un pasado más glorioso.
Este cocktail combinaba ron, coñac y ginebra y se servía en una enorme vasija humeante, que por lo explosivo de la mezcla y lo espectacular de la presentación, hacia las delicias de la chiquillería que llenaba el local.

Por todo lo anterior llevaba varios años sin acercarme por allí, pero conmocionado por el cierre de House of Ming, quise darle una nueva oportunidad.
Me acerqué una tarde y comprobé que no se habían producido grandes cambios desde mi última visita. Decidí entonces preparar un safari fotográfico y darle un buen repaso a su carta, pero apenas una semana después ya no quedaba ni rastro del bar y en el local había una obra bastante avanzada de lo que parece un restaurante de lujo.
Otro bar histórico que se pierde.
Al menos me ha servido para hacerme consciente de que poseo la facultad de provocar que los locales que visito cierren a los pocos días, así que he decido emplear este poder para hacer el bien y desde hoy iré cada día a un Starbucks y en un par de meses habré acabado con ellos.
Si hay alguien interesado en adquirir un souvenir de WAWALAG, la vasija del TESTAMENTO todavía está en el catálogo de Porcelanas Pavón, aunque si no recuerdo mal, es la más cara de todas las que producen, lo que significa probablemente necesites un crédito personal si estás pensando en hacerte con una.

jueves, 13 de diciembre de 2007

MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

Seguramente uno de los museos menos visitados de la ciudad.

Salvo algún turista despistado que se ha extraviado camino del Museo del Prado y grupos de escolares que acuden forzados por sus profesores, nadie parece interesado por este lugar.

En principio, puede considerarse que razones no faltan. Lo cierto, es que la mayoría de las piezas de su colección son simples reproducciones o artesanía que no parece difícil conseguir de un vendedor callejero.

A pesar de lo poco prometedor de este panorama, los interesados por la cultura polinesia (la de verdad) , a poco que rebusquen un poco, podrán encontrar material suficiente para justificar una visita.

Para simplificar esta búsqueda y ahorrar fatigas innecesarias al visitante, he aquí la guía del Museo Antropológico del señor Castaway.

Una de sus salas pretende recrear un gabinete de historia natural de finales del s. XIX.
Es aquí donde considero que debe centrarse la visita.

Parece que esta recreación se ha entendido como una bula para exhibir todas las piezas políticamente incorrectas (y por tanto las más divertidas).

Lo que nos encontraremos aquí tiene poco que envidiar al más costroso Freak Show, eso sí, con la coartada del interés del interés antropológico,

Así podemos contemplar varios cráneos con deformidades, una interesante selección de fetos y restos humanos flotando en líquidos turbios, lo que parece ser la estrella de la exhibición, el esqueleto y vaciado en escayola del cuerpo de un supuestamente celebre gigante extremeño y en la más pura tradición de la antropología racista, por considerar a los isleños de los mares de sur como fenómenos de la naturaleza, es en esta misma sala se exhiben también las piezas polinesias.

En primer lugar tenemos 12 mascaras mortuorias de nativos de islas del Pacifico.

Una de las más impresionantes es la de un guerrero maorí.
Las demás, aunque menos llamativas,no desmerecen, produciendo una interesante sensación de atracción-repulsión, que hará que no puedas dejar de contemplarlas hasta que los vigilantes
empiecen a mirarte como una amenaza de las instalaciones.

En segundo lugar tenemos unos bonitos cráneos decorados con barro coloreado y conchas, según las tradiciones funerarias de los mares del sur.

Y para el final he dejado a , mi preferido.
Ni más ni menos que un autentico bol de kava.
No es gran cosa, si lo comparamos con lo que puede verse por esos mundos de dios (lease British Museum), pero es que es el primero que he podido ver "en persona", y además es casi como tenerlo en casa, así que no puedo evitar tenerle cierto cariño.



Todavía nos queda el postre. Recomiendo terminar la visita subiendo a la tercera planta, dedicada a América.

Aquí podremos contemplar un par de cabezas reducidas, una humana y otra de perezoso.

Debidamente estimulados por su visión ya podemos dirigirnos a la salida mientras cantamos a voz en grito, con nuestro mejor falsete, "Jíbaro" y otros éxitos de Yma Sumac, para confirmar a los vigilantes que estaban en lo cierto cuando pensaban que eramos un peligro para las instalaciones.